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Terry Holdbrooks: Cuando las preguntas abrieron otra lectura

Un Corán cerrado sobre una alfombra bajo una luz cálida
Malik Shibly / Unsplash — source · license.

Terry Holdbrooks llegó a Guantánamo en el verano de 2003 como soldado estadounidense de diecinueve años. Antes del despliegue había conocido a personas de Oriente Medio y mostrado interés por el árabe, aunque después explicó que no conocía realmente el islam. La preparación previa había ofrecido a los jóvenes guardias un relato de seguridad muy reducido. Sus primeras preguntas nacieron, por tanto, de la distancia entre lo que le habían contado y lo que empezó a ver y escuchar por sí mismo.

Los turnos de guardia le permitieron conversar con los detenidos. Las preguntas no se limitaron a la religión: abarcaron ética, política, cultura y vida cotidiana. Ahmed Errachidi, conocido entre los detenidos como «el General», fue uno de sus interlocutores principales. En testimonios fechados, Holdbrooks recordó conversaciones que se prolongaban hasta entrada la noche. La curiosidad pasajera se convirtió poco a poco en estudio regular y en un intento de comprender el islam desde sus textos y desde quienes lo practicaban.

Sus relatos distinguen más de un ejemplar del Corán. Una entrevista de 2009 dice que el capellán militar James Yee le entregó uno; su texto en primera persona de 2014 atribuye otro ejemplar a Errachidi. No es necesario fundir esos recuerdos en un solo libro ni inventar una escena. Lo que las fuentes establecen de modo constante es que leyó el Corán, siguió preguntando y relacionó lo aprendido con la estructura, la disciplina y la responsabilidad, cualidades que él mismo dijo valorar.

Después de unos seis meses en la base declaró su aceptación del islam en 2003. Un perfil directo ofrece una fecha más precisa, pero los demás documentos consultables no cierran de manera independiente esa cadena, por lo que esta historia conserva solo el año. En su relato en primera persona, Holdbrooks afirmó que la decisión no fue fruto de presión de los detenidos, sino el resultado de conversaciones, lectura y reflexión.

Testimonios posteriores describen cambios en su práctica y etapas difíciles tras regresar de Guantánamo. Son declaraciones fechadas sobre años concretos, no pruebas para juzgar su estado religioso actual. La historia tampoco convierte la detención o el sufrimiento de los detenidos en adorno para el camino de otra persona, ni repite como hechos necesarios para explicar la conversión las acusaciones controvertidas sobre la prisión.

Lo que queda claro es lo que puede ocurrir cuando una pregunta abandona la imagen heredada y busca la evidencia directa: encuentro humano, lectura y tiempo suficiente para reconsiderar. El buen ejemplo no sustituye la comprensión de la fe, y la experiencia de una persona no demuestra una religión entera. Sí puede recordar al buscador que la primera imagen recibida no tiene por qué ser la última palabra, y que la justicia comienza cuando se permite a la evidencia corregirla.

Fuentes

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