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Arnoud van Doorn: poner a prueba la imagen que él mismo difundía

Un canal flanqueado por árboles y edificios
Foto: Hendrik Prinsloo · Licencia de Unsplash

Arnoud van Doorn creció en La Haya en un entorno cristiano. Más tarde entró en política y se incorporó al Partido por la Libertad de los Países Bajos, conocido por su discurso contra el islam. Participó en la promoción de la película Fitna, aunque después subrayó que no había sido su productor. Veía el islam como una amenaza para la sociedad y la libertad; según explicó, aquella imagen procedía más de los medios y del mensaje político que de un estudio directo.

La duda comenzó cuando esa imagen dejó de coincidir con los musulmanes que conocía. ¿Podían más de mil millones de personas, incluidos vecinos y compañeros honestos, encajar en una misma descripción hostil? Decidió comprobarlo por sí mismo. Durante cerca de un año leyó el Corán, estudió la vida del profeta Muhammad, acudió a la biblioteca y a una mezquita, y conversó con imanes y otros musulmanes.

No atribuyó el cambio a una sola aleya ni a una escena dramática. El conocimiento se fue acumulando lentamente; destacó la vida del Profeta y las respuestas que recibió a sus preguntas religiosas. Entrar en la mezquita también puso a prueba una idea previa: esperaba rechazo, pero fue recibido con amabilidad y pasó horas con personas que respondieron a sus preguntas sin hostilidad.

Recordó haber pronunciado la shahada en 2013 en un pequeño despacho de una mezquita, junto al voluntario que lo había guiado y sin público. Por temor a perder trabajo y posición, mantuvo la decisión en privado varias semanas. Después anunció su islam en su cuenta el 27 de febrero de 2013. RTL informó al día siguiente y transmitió su confirmación de que la cuenta no había sido pirateada. [A1, A2, A4]

Contó que su madre lo apoyó, mientras crecía la distancia con algunos hermanos, amigos y colegas. Relacionó la declaración pública con la pérdida de su empleo y con una vida materialmente más modesta: se mudó a una vivienda más pequeña y vendió el coche. Sin embargo, describió el sosiego que encontró tras abrazar el islam como algo que las posesiones no le habían dado. En octubre de aquel año, la prensa documentó su peregrinación a La Meca.

Su consejo reiterado no consistía en sustituir una propaganda por otra, sino en responsabilizarse del propio conocimiento: leer, preguntar, visitar una mezquita y distinguir el islam de las imágenes fabricadas sobre él. [A1]

Fuentes

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