Mahmoud Abdul-Rauf: de la búsqueda de sentido a una fe que reordenó la vida

Antes de que el público del baloncesto lo conociera como Mahmoud Abdul-Rauf, Chris Jackson fue un niño de Gulfport, Misisipi, criado por su madre junto a sus hermanos, en pobreza y lejos de su padre. Vivió en un hogar bautista devoto, donde la oración era familiar. También padecía un síndrome de Tourette que no fue diagnosticado hasta el penúltimo curso escolar: movimientos involuntarios, sonidos repentinos y repeticiones hasta que algo se sintiera “correcto”. Recordó que a veces lloraba antes de dormir por miedo a sufrir una enfermedad grave. Aquella experiencia alimentó su búsqueda de sentido, paz y orden.
El baloncesto se convirtió en el lugar donde la repetición podía transformarse en destreza. Durante su juventud llegó a levantarse antes del amanecer para entrenar con frío y mal tiempo. Ese trabajo lo llevó a Louisiana State University y después a la NBA. El éxito, sin embargo, no resolvió sus preguntas religiosas. Contó que rezaba de manera constante, caminando o de rodillas, pero que al preguntar recibía a veces dos respuestas: “solo tienes que creer” o “no cuestiones a Dios”. Buscaba una fe que dejara avanzar la pregunta honesta hacia una respuesta.
Había otro conflicto nacido en el sur estadounidense. Al crecer en los años setenta y ochenta observó relaciones desiguales entre negros y blancos antes de poseer palabras completas para describirlas. Veía a adultos bajar la voz en público y recuperar la valentía en casa. Su propio silencio lo inquietaba y podía quitarle el sueño. Pedía a Dios una oportunidad para decir lo que creía y aceptar sus consecuencias.
En LSU, el entrenador Dale Brown le entregó La autobiografía de Malcolm X. Lo impresionaron una mente dispuesta a preguntar y corregirse, y un hombre que anteponía la verdad a la aprobación. La admiración no produjo una conversión instantánea. Le mostró por primera vez un ejemplo de cambio ante algo considerado más verdadero, que unía fe, dignidad y justicia. El libro fue una puerta, no el destino.
Después de que Denver lo eligiera en 1990, la búsqueda se amplió. En los viajes, musulmanes acudían a los hoteles y conversaban con él hasta entrada la noche sobre religión, sociedad y política, presentándole autores nuevos. Tras los entrenamientos pasaba tiempo en una librería islámica de Denver, tomando té con su dueño, leyendo y preguntando. Su camino fue una acumulación de compañía, libros y reflexión, no una sola escena dramática.
Luego obtuvo un Corán. Un reportaje cercano a los hechos recoge que las primeras páginas parecieron hablarle directamente; testimonios posteriores muestran que el texto seguía abriendo temas y alimentando su curiosidad. No se conservan todas las preguntas ni una transcripción del diálogo previo a la decisión, por lo que no debe inventarse una escena. Está claro que Malcolm lo movió a buscar, el Corán ocupó el centro y el islam vinculó la adoración de Dios con ética, justicia y vida cotidiana.
Abrazó el islam en 1991, después de su primera temporada en la NBA. Ninguna fuente utilizada publica el día, la mezquita o los testigos de la shahada. Tampoco debe reducirse la decisión a la emoción de unas páginas: antes hubo oración, preguntas, lectura, encuentros y conversación; después vino la práctica.
Describió el islam como una “paz total”, frente al alivio temporal que encontraba en el baloncesto. Ordenó sus días con la oración, leyó intensamente, ayunó Ramadán mientras competía y buscó musulmanes y mezquitas durante sus viajes. En el verano de 1993 hizo el hach y adoptó oficialmente el nombre Mahmoud Abdul-Rauf. El nombre hizo pública una identidad elegida dos años antes; no marcó una segunda conversión.
La fe no eliminó el coste. Algunas relaciones cambiaron y llegó a pensar que la convicción debía aparecer en decisiones públicas. Años después, su postura durante el himno estadounidense produjo suspensión, hostilidad y pérdidas profesionales. Él la explica desde compromisos religiosos y morales, pero es un capítulo posterior, no el resumen de su entrada al islam. Tampoco toda opinión política posterior representa doctrina islámica.
Décadas después seguía vinculando la fe con veracidad, valentía y justicia, dejando a la vez espacio para que la evidencia lo corrigiera. Volvió en sus discursos al niño herido por el silencio y a las historias y compañías que le dieron lenguaje y fuerza. El Tourette no desapareció ni terminaron todas las dificultades, pero el éxito dejó de medirse solo por puntos y contratos.
La historia inspira porque no ofrece un camino sin dolor ni convierte la fama en prueba de guía. Muestra a un hombre que llevó preguntas antiguas a fuentes nuevas, permitió que una biografía abriera la puerta sin reemplazar al Corán y probó la fe en hábitos y elecciones. La enseñanza es no temer la pregunta sincera, no conformarse con una imagen heredada, buscar en la fuente y dar a la convicción un lugar real en cada día.
Fuentes
- TIME — 20 Years Before Colin Kaepernick, This NBA Star Protested During the National Anthem, 2022-10-21
- ABC News / Outside the Lines — The revival of Mahmoud Abdul-Rauf, 2017-02-17
- Yaqeen Institute — Risking It All For What You Believe In — Mahmoud Abdul-Rauf, 2017
- The Washington Post — For Abdul-Rauf, Getting It Right Isn’t That Simple, 1994-03-23
