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Hana Tajima: cuando las preguntas filosóficas encontraron la sura Al-Ikhlas

Un Corán cerrado sobre una alfombra bajo una luz cálida
Imagen: Qur’an still life — Malik Shibly / Unsplash (Licencia de Unsplash).

La diseñadora británico-japonesa Hana Tajima creció en un hogar artístico de Devon y desde joven se interesó por la manera en que las personas comprenden el mundo. En su primer año universitario estudió filosofía, entabló amistad con estudiantes musulmanes y dedicó su tiempo libre a leer ampliamente sobre las religiones.

Tajima no describió su acercamiento al islam como un instante repentino ni como respuesta a una sola persona. Dijo que la lectura constante le permitió encontrar en el islam verdades acordes con lo que buscaba, hasta llegar a un punto en que ya no podía afirmar que no era musulmana.

La sura Al-Ikhlas ocupó un lugar especial en aquel proceso. Su exposición de la unicidad y autosuficiencia eterna de Dios le ofreció una formulación extraordinariamente clara de la eternidad, cuestión que llevaba tiempo ocupando su pensamiento. La amistad musulmana abrió una puerta, pero no sustituyó la investigación; la lectura y la comparación maduraron en convicción personal.

Sus entrevistas originales sitúan su entrada en el islam a los dieciocho años, sin publicar día ni mes exactos. El día en que se hizo musulmana también comenzó a llevar el hiyab en público. Explicó que el paso concordaba con lo que entonces entendía, aunque reconoció que no era fácil y que aún le esperaba un largo aprendizaje.

Al principio fue muy rígida consigo misma en la adoración, como si afrontara una extensa lista de deberes en los que podía fallar. Con el tiempo aprendió a comprender por qué importaba cada acto y a equilibrar obligación, trabajo y vida cotidiana. En su relato, la práctica dejó de ser una serie de movimientos hechos por temor y adquirió sentido.

Su familia la apoyó y la mayoría de sus amigos cercanos permaneció, aunque algunas relaciones cambiaron. También atravesó una etapa en la que imitaba formas de vestir que no sentía propias porque creía que eran la única opción. Poco a poco recuperó su voz artística y diseñó ropa modesta desde la belleza y la elección, no desde un molde único para las mujeres.

Su recorrido muestra que una nueva identidad religiosa no tiene que borrar el pasado ni la personalidad. El conocimiento puede comenzar con un amigo o un libro, pero la convicción madura al examinar ideas y evidencias. Después de decidir, el nuevo musulmán necesita aprendizaje gradual que vincule la adoración con su significado y deje espacio para construir una vida sincera, no una forma prestada.

Fuentes

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