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Joel Hayward: Cuando una pregunta sobre la violencia se convirtió en un viaje por el Corán

Un Corán cerrado sobre una alfombra bajo una luz cálida
Malik Shibly / Unsplash — fuente · licencia.

Antes de su recorrido hacia el islam, Joel Hayward era un académico nacido en Nueva Zelanda cuyas lecturas atravesaban los estudios clásicos, la historia militar y las Escrituras. Había aprendido griego, leído repetidamente los textos judíos y cristianos y estudiado hebreo para acercarse a la Biblia en su lengua. Se describía como monoteísta no trinitario, pero nunca había leído el Corán completo.

El 11 de septiembre de 2001, las imágenes de los atentados llenaban las noticias. Hayward oyó a un alto oficial retirado asociar la violencia con la naturaleza del islam y objetó. La conversación reveló una carencia compartida: el oficial que juzgaba el Corán no lo había leído, y Hayward, que exigía un juicio justo, tampoco. Ese mismo día compró una traducción inglesa en la librería de su universidad e inició algo más cercano a una investigación académica que a la búsqueda de un consuelo rápido.

Leyó de principio a fin, despacio, tomando nota de los pasajes que podían relacionarse con la guerra. Según su propio relato, encontró combates tratados dentro de contextos y límites bélicos, pero no una autorización para la violencia indiscriminada contra civiles. La lectura le dio más que una respuesta a la acusación inicial: encontró profundidad espiritual, orientación moral y continuidad con los mensajes de Abraham, Moisés y Jesús que ya había estudiado.

No tomó una decisión tras una sola lectura. Durante varios años regresó al Corán, estudió la biografía del Profeta y las fuentes históricas tempranas, y preguntó si Muhammad contradecía a los profetas anteriores o continuaba el mismo camino de la unicidad divina. En la entrevista directa publicada en 2018 dijo que la lectura repetida y la investigación prolongada le llevaron a reconocer una misma revelación y una llamada profética universal. Describió esta fase, además, como una búsqueda sin conversaciones previas con musulmanes: el texto y la biografía profética fueron sus principales compañeros.

Vinculó el paso de la convicción a la pertenencia con una escena en un centro de convenciones de Yakarta. Cientos de compradores se reunieron para la oración del mediodía y comprendió que debía estar con ellos. Las fuentes no publican el día de su shahada, sus palabras, los testigos ni una ceremonia. Un perfil independiente de 2022 sitúa la conversión a comienzos de la década de 2000. Este registro, por tanto, no confunde el inicio de la lectura el 11 de septiembre con la conversión posterior ni inventa una fecha más precisa.

En testimonios posteriores y fechados, Hayward dijo que el islam abrió nuevos campos para su escritura y su investigación. Asistió a clases nocturnas de árabe, escribió sobre la biografía profética y la historia islámica, exploró la fe mediante la poesía y después realizó el hach. En The National, en 2022, destacó la igualdad de una fila de oración en la que un limpiador y un director ejecutivo podían estar uno junto al otro. Ese significado social prolonga la primera escena de Yakarta, pero no se presenta como prueba de todas las ideas o publicaciones asociadas a su nombre.

La historia de un académico no demuestra una religión entera, y el rango universitario no convierte una conclusión personal en autoridad sobre los demás. Su valor metodológico está en otro lugar: partió de una pregunta difícil sobre la violencia, se negó a responderla desde una imagen mediática o una discusión pasajera, leyó la fuente completa, volvió a ella, la relacionó con la historia profética y permitió que el resultado cambiara su propia posición. La pregunta para el lector es: al juzgar una fe, ¿leemos su texto en contexto y con una paciencia proporcional al peso del veredicto?

Fuentes

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