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Keiko Soeda: una fe con espacio para sus raíces

Un Corán cerrado sobre una alfombra bajo una luz cálida
Foto: Qur’an still life — Malik Shibly / Unsplash (Licencia de Unsplash).

En Singapur, Keiko Soeda aprendía a vivir entre dos lenguas y dos culturas. Había llegado desde Japón para estudiar, y el islam entró en su vida mediante la investigación universitaria y las personas que lo practicaban. Las clases dominicales de la asociación de nuevos musulmanes le ofrecieron un lugar para aprender. No quería que la religión fuera un trámite previo al matrimonio: quería comprender su elección y conservarla, fueran cuales fueran las circunstancias de su vida conyugal.

En su entrevista con Have Halal, Will Travel, explicó que las enseñanzas islámicas le parecieron cercanas a los valores con los que había crecido. Esa familiaridad no eliminaba lo nuevo: debía aprender la oración, la alimentación halal y otras prácticas. Dijo que abrazó el islam un año antes de casarse, dando a su fe una base propia. Su recorrido pertenece a la década de 1990.

Otra dimensión de esa comprensión apareció en un testimonio publicado por el escritor Shaik Kadir en 2016. Aprender los hermosos nombres de Dios la ayudó a entender qué significaba conocerlo, explicó. También valoraba poder dirigirse directamente a Dios, allí donde estuviera. Ese era el sentido personal que daba a su fe, más allá de incorporarse a una familia o comunidad.

La nueva vida trajo preguntas prácticas. Más tarde recordó la búsqueda de ingredientes halal, la necesidad de encontrar un lugar para rezar en el trabajo y la preocupación por conservar su identidad japonesa. Necesitaba la compañía de personas que entendieran esos ajustes por experiencia. A veces la ayuda tiene una forma modesta: una dirección útil, una amiga disponible o la experiencia de alguien que pasó por la misma dificultad.

La relación con su familia en Japón siguió formando parte de aquella vida. En una entrevista de 2017, ella y su esposo hablaron de sus visitas y del cuidado que la familia ponía en la comida. Eran expresiones cotidianas de consideración mutua, capaces de mantener un espacio de encuentro pese a las diferencias. El respeto adquiría una forma concreta alrededor de la mesa familiar.

Cuando habló con BERITA Mediacorp en 2023, reflexionó sobre la distancia de sus padres en Japón. Ser madre había profundizado su comprensión de cuanto ellos hicieron por ella. Las llamadas y las visitas mantenían la cercanía. A su vez, el Club Sakura, que ayudó a fundar para los musulmanes japoneses de Singapur, permitía que personas con experiencias parecidas se encontraran, intercambiaran conocimientos y se apoyaran.

También recurrió a la literatura infantil para hacer esta vida más conocida. Su libro When Nasi Lemak Meets Sushi abordó Japón, Singapur y el islam a través del mundo de su hijo. Al presentarlo, explicó que deseaba que el conocimiento enriqueciera la percepción que los lectores tenían de los demás. Las experiencias ordinarias podían invitar a comprender a personas de otros orígenes.

En un encuentro cultural de 2025, animó a musulmanes de distintos países y comunidades a conocerse. En estos testimonios fechados, la fe que había querido comprender por sí misma terminó unida a una labor que ofrece a otros un espacio para preguntar y pertenecer. Su historia reúne un aprendizaje paciente y la compañía que hace menos solitario un nuevo comienzo.

Fuentes

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