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Qayyim Naoki Yamamoto: una pregunta sobre la felicidad y la respuesta honesta de un maestro

Una mesa de té en una habitación japonesa vacía
Foto: shawn kim · Licencia de Unsplash

Qayyim Naoki Yamamoto inició una búsqueda en la biblioteca de la Universidad Doshisha, en Kioto, sin saber adónde lo conduciría. Criado en una familia protestante, leía sobre distintas tradiciones religiosas para una tarea universitaria. Su imagen del islam todavía estaba ligada casi por completo a Oriente Medio.

Le llamó la atención un pequeño libro de Khawla Kaori, A Brief Introduction to God. Le impresionó que explicara la unicidad divina sin apoyarse en vocabulario islámico especializado. Averiguó que la autora era esposa del profesor Hasan, de su universidad, y pidió conocerla. Khawla había fallecido, pero Hasan aceptó verlo y terminó convirtiéndose en su maestro.

Hasan le presentó a musulmanes de Malasia, Indonesia, Inglaterra, Siria y Egipto. Yamamoto comprendió así que una misma fe podía expresarse en muchas lenguas y culturas, y que la civilización islámica era mucho más amplia que la imagen geográfica que había tenido.

En el verano de su segundo año universitario viajó con Hasan a El Cairo para estudiar árabe. Cuando su maestro lo invitó a abrazar el islam, Yamamoto preguntó si convertirse lo haría feliz. Hasan no le prometió una vida fácil: le dijo que el camino podía volverse más difícil y que habría errores, arrepentimiento y retorno a Dios, pero que importaba vivir y morir como musulmán.

Yamamoto contó después que la honestidad de aquella respuesta lo conmovió y coincidió con la comprensión que había ido formando mediante sus lecturas. Aquel día, hacia 2009, abrazó el islam interiormente, aunque no hizo una declaración pública en ese momento.

Luego eligió los estudios islámicos para seguir aprendiendo y sostener su identidad musulmana. Su trabajo se orientó al sufismo otomano y la traducción, y conectó prácticas japonesas como el té, la caligrafía y el manga con temas éticos y espirituales del legado islámico. También encontró prejuicios: un amigo relacionó su conversión con el terrorismo.

Su historia deja una enseñanza serena. La convicción no nació de una promesa de felicidad inmediata, sino de un libro accesible, de un maestro que no ocultó la dificultad y de encuentros que mostraron la amplitud cultural de la vida musulmana. La sinceridad de la pregunta y de la respuesta formó parte de la decisión.

Fuentes

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